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En el nombre de Lance

Por Ildefonso Ruiz | “Estoy cansado de luchar y no me voy a defender más”. Así, resignado, masacrado, humillado y hundido, Lance Armstrong, el hombre que nunca se rendía, claudicó ante la caza de brujas inquisidora que la USADA, Agencia Americana contra el Dopaje, había emprendido contra él desde hace varios años. Un triste final, absolutamente inmerecido.

¿A Santo de que viene ahora mancillar su honor? ¿Que se persigue con todo esto? y lo más importante ¿Quien se va a forrar con esta historia? Esas son las preguntas que hay que responderse, antes de pensar si Lance se dopó o no. Mi opinión personal es la de siempre; el ínclito de Pat McQuaid y su banda que manejan los hilos del ciclismo a modo “Camorra Italiana” sigue empeñado en hacer creer a la opinión pública, que los ciclistas ganan Tours de Francia con una barrita energéitca y un plátano en el maillot y que aquellos que buscan ayudas médicas y substancias que ayudan a superarse, son unos tramposos.

Efectivamente, yo apuesto a que Lance se dopó. Tanto como Beloki. Tanto como Ullrich. Tanto como Kloden o Basso que van a heredar sus títulos. Ciclistas que también se han visto salpicados por escándalos de doping, con la diferencia de que a Lance jamás lo pillaron y al resto sí. A pesar de ser el más perseguido, de ser el más odidado. A Lance, le hicieron sospechoso desde el principio. Quienes más deberían de proteger al ciclismo y a los ciclistas, mancillaban su nombre día si, dia también, generando en un deportista superlativo una aureola de odio por todas partes. Porque a Lance igual le pedían autógrafos que le escupían en los cajones de salida. Era admirado y odidado a partes iguales, aunque yo siempre he pensado que lo que se describía como odio, en realidad era envidia.”A mi no me pagan por ser simpático. Me pagan por ganar” espetó un día a un periodista francés al que dejó colgado en directo por insinuar que se dopaba.

Efectivamente, Lane tampoco hizo mucho por perder esa reputación. Pero lo que nadie puede discutir es su clase, su fuerza, su pundonor y su determinación. Lance Armstrong se forjó en las categorías inferiores del equipo nacional americano de triatlón, hasta su paso al ciclismo amateur americano. Como campeón en ciernes, fichó siendo joven por el equipo Cofidis, aunque su aventura europea, no terminó de cuajar y regresó a EEUU a recalificarse como amateur. En ese fracaso, conoció a Chris Carmichael, que se convertiría en su entrenador. Chris cambió la forma de pensar a Lance. Le convenció de que tenía un trabajo que le iba a ocupar 24h al día los 365 días del año. Y ahí comenzó el mito.

Tras arrasar en la temporada amateur americana, fichó por Motorola y ahí comenzó su ascenso. En su primera aventura en el Tour, la tragedia marcó a su equipo. En plena discusión sobre el uso del casco, su compañero de equipo, Fabio Casartelli, que había sido Campeón Olímpico en Barcelona’92, perdía la vida en un accidente. Dos días después, Lance atacó casi desde la salida en una etapa épica y llegó en solitario a la meta, alzando los brazos al cielo, con los ojos llorosos recordando a su amigo Fabio, con el que había compartido tantos entrenamientos en el Lago Como italiano. Tras su exhibición y a pesar de su juventud, el equipo Motorola le dió los galones para ser el líder de su equipo en la Vuelta a España, en la que finalizaría cuarto. Semanas más tarde, en otra exhibición de pundonor, se llevó el Campeonato del Mundo entrando en solitario en meta.

El resto de la historia, es sobradamente conocido. A Lance le detectaron un cáncer de testículos con metástasis que le afectaba incluso al cerebro. Le dieron solo un 20% de posibilidades de vivir y Lance, sacó el pundonor para agarrarse a la vida y salir adelante. Sobrevivió al cáncer y volvió. Una vuelta a lo grande. Una historia más que conocida. Lance ganó 7 Tours y no de cualquier manera. Su forma de pedalear y de dominar las carreras cambió la historia del ciclismo moderno. Conceptos que hoy en día son comunes, como hipercadencia, entrenamiento en watios, etc. fueron introducidos con éxito por él.

Sin embargo, cuando Lance ganó su primer Tour, todo el mundo aplaudió y se rindió ante el hombre que había vencido al cáncer. Pero a medida que su dominio aplastante crecía, aumentaban las acusaciones y sospechas, casi a la par que sus rivales se veían envueltos en escándalos de dopaje. Y todo ello en un contexto en el que el dopaje era algo normal e incluso ni se sabía a ciencia cierta, donde estaba el límite de lo legal. Lance fue perseguido hasta la saciedad y nunca se encontró rastro de culpabilidad.

Pero la venganza era un plato que se debía de servir frio. Lance dejó el ciclismo, aunque la caza de brujas prosiguió. De forma inquisidora, fueron acechando excompañeros a los que bajo amenazas, obligaron a testificar contra su patrón. “No todo vale para ganar” dicen quienes le están persiguiendo. Estoy de acuerdo. Por eso no todo vale para ganar en la batalla contra Armstrong, así que se apliquen su propia medicina. Si de verdad buscan un deporte limpio, que comiencen por dejar las instituciones que manejan de forma mafiosa y se apliquen a ellos mismos los controles rigurosos a los que someten a los ciclistas. Que dejen ya la hipocresía del dopaje y que se dediquen a explicar a las claras, que esto es deporte de élite en su máxima expresión y que eso no se logra comiendo spagheti y bebiendo aquarius.

Lance aguantó estoicamente esta persecución. No pudieron con él ni cuando se retiró por primera vez, ni cuando volvió. Ahora quieren matar al mito. Están equivocados. Matarán al ciclista y le robarán los Tours. Pero no acabarán con su mito. Lance es el espejo donde millones de personas se miran cuando creen que no hay esperanza. Lance es el ejemplo de que con determinación, hay esperanza. De que luchar vale la pena y de que rendirse no es una opción. Sin embargo, alguien cree que es mejor decir que no, que Lance es un mentiroso. Que es un ídolo de papel. Que su esperanza, en realidad, es un espejismo.

Ojalá todo este daño que se está haciendo se pueda revertir. Ojalá pueda lavar su honor de cuanto daño se le está haciendo. En nombre del deporte. En nombre de su fundación. En nombre de los que disfrutamos con el ciclismo. En nombre de los millones de personas que cuando ven una pulsera amarilla, simbolo de la fundación LIVESTRONG, saben que hay una esperanza. En nombre del ciclismo. En nombre de Lance

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