Deportes

Séptimo cielo

http://www.tenisweb.com/images/nadal-celebracion-roland-garros-2012-01.jpg
Foto: tenisweb.com

Por: Antonio Pulido, (Twitter: @Ninozurich) Estudiante de periodismo deportivo, vecino de Mancha Real. |Allí donde ninguna esfinge logró sobrepasar el busto por encima de las nubes parisinas, un manacorí acarició la Torre Eiffel a la altura que la escultura metálica se alza sobre el asfalto. Nadie consiguió clasificarse para siete finales de Roland Garros en las más de 75 ediciones que se han disputado hasta la fecha, ergo, ningún tenista consiguió conquistar el campeonato en siete ocasiones. El más fructífero, Björn Borg, logró seis entorchados franceses que, ahora, quedaron rezagados merced al séptimo levantado por Rafael Nadal.

Antes del baño de arcilla, el atípico enfrentamiento comenzó en domingo para quedar sentenciado en lunes. La lluvia que acaeció sobre la Phillipe Chatrier invitó al nerviosismo y la crispación a entrar en escena prematuramente en detrimento de la paciencia. Un comienzo fulgurante permitió a Nadal resquebrajar la esperanza serbia en apenas hora y media. Dos sets a cero para el español, que ya vislumbraba el peldaño superior.

Novak Djokovic, que peleaba por completar el Grand Slam (ganar los cuatro ‘grandes’ seguidos), ya había dado comienzo a la histeria que le caracteriza y que había contenido durante el 2011. Dos detalles en cada set evidenciaron el desquicie balcánico: primero, se vio obligado a cambiar su raqueta después de lanzarla contra el polvo de ladrillo; segundo, el banco de descanso quedó afectado tras descargar la impotencia sobre la publicidad en forma de raquetazo. El público francés, rencoroso, rompió en abucheos tan intensos como las reprimendas de una madre tras presenciar barro en zamarra blanca. Nole bajó la mirada denotando infame remordimiento.

Y volvió a subirla. Esta vez para presenciar cómo el pincel del destino tintaba pardusco el cielo de la capital gala y ensombrecía con su manto fúnebre el futuro de la final. No tardó en reanudarse, empero las condiciones de la arena de batalla en la vuelta resultaban antagónicas respecto a los instantes previos al paseo del agua. La arcilla, empapada, deceleraba la bola a cada golpe que se precisaba, además de que ésta ganaba peso y evitaba que el número uno del mundo escorzara en exceso. Por si fuera poco, el bote no precisaba de la altura óptima con la que Nadal se ajustició los dos primeros sets. Giro de guión. Rafa sufría.

El serbio expresaba falsa inseguridad, dolores y fragilidad, artimañas más que conocidas por el balear. La batalla mental, en este caso, caería del lado contrario al perder la tercera manga, además de ocho juegos consecutivos que desencadenarían en un mal inicio del cuarto acto merced al 2-1 y saque enemigo. La pista oscureció de nuevo, al igual que las ideas y las aspiraciones de Nadal por remontar el encuentro. El juego se suspendió por segunda vez, no quedando reanudado hasta horas después –ya en lunes-.

El refulgente sol parecía borrar un pasado nebuloso para permitir la entrada de fuerza, ímpetu y descaro. La arcilla volvía a estar seca, y sobre ella retornaron winners desde la zurda nadaliana. En la primera oportunidad que ostentó recuperó el break perdido en el día anterior y colocaba ventaja. Así se llegó hasta el decisivo duodécimo juego (6-5 y saque para Novak). Rafa atacó con contundencia para alcanzar la primera bola de partido, única que necesitaría y que no disputaría. El serbio cerró la final con una doble falta acumulada por agotamiento y derrocamiento. No hubo más (6-4/6-3/3-6/7-5).

Al igual que ocurriera en Wimbledon 2008, Rafael Nadal visitó las gradas aún embebido en irradiante humildad, la misma que potencian la facultad del campeón y alimentan la pueril satisfacción de agradecer la distancia recorrida a quienes enseñan los primeros pasos: la familia. En el Olimpo de las raquetas, sólo tres esculturas se erigen superiores, pero, también, como próximos objetivos tras la conquista del 11º Grand Slam: Emerson (12), Sampras (14) y Federer (16). Lo logre o no, nadie podrá arrebatarle el hecho de haber tocado el cielo francés por séptima vez.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
X
X

Bloqueador de anuncios detectados

Esta web se puede mantener gracias a los anunciantes. Por favor desactiva tu bloqueador de anuncios para ayudarnos.