Jaén

Jaén, ‘en llamas’

Quema de ramón en un olivar jienense. :: IDEAL
Quema de ramón en un olivar jienense. :: IDEAL

Fuente: ideal | Si por un casual usted decide ponerse hoy en carretera, es bastante probable que vea columnas de humo emergiendo de los olivares. En efecto, una vez finalizada la campaña de recolección de la aceituna, estamos en época de poda… y de quema. Una imagen que, por muy tradicional que sea, también refleja que aquello del ‘aprovechamiento de los subproductos del olivar’ no deja de ser todavía un mantra del lenguaje político en la última década. Miles y miles de pequeños fuegos se encienden durante estas semanas para eliminar los casi dos millones de toneladas de poda que generan los sesenta millones de olivos plantados en territorio jienense. Estamos ante una fuente energética de primer orden pero, según las estimaciones que realizan las organizaciones agrarias, tan solo 20.000 de las 600.000 hectáreas de monocultivo, en cifras redondas, han optado por explotar este recurso del que Jaén es excedentario. Estamos hablando de solo el tres por ciento y muchos de ellos de forma experimental.

A pesar de ello, hay empresas que sí están apostando por este sector de futuro. Y así se podrá comprobar en la feria Bióptima, que se celebrará el próximo fin de semana, pero también es igual de cierto que, como se ha apuntado anteriormente, todavía estamos ante muchas palabras y pocos hechos, especialmente tras la suspensión de primas a las renovables.

Nos movemos en dos esferas que normalmente no son convergentes. Por una parte, las buenas intenciones y por otra, la del dinero. La mayoría de los agricultores ‘no se lanzan’ porque no les salen las cuentas. Pero tampoco existe mercado. Además, con los precios del aceite de oliva a 1,83 euros el kilogramo, muy por debajo de ese límite de 2,20 euros que marca la rentabilidad para la generalidad de las plantaciones de Jaén. Los 35-45 euros que ingresan por cada tonelada de subproducto no compensan, en la inmensa mayoría de los casos, la inversión que conllevan los trabajos de recogida, selección, compactación y transporte -especialmente esto último- de toda la materia que sobra tras pasar las motosierras. Esto, claro está, cuando no existen problemas previos de logística completamente irresolubles, que es lo más habitual. Y es que el tamaño y la localización de la mayor parte de las 110.000 explotaciones de Jaén impiden que ni tan siquiera las máquinas y los tractores que se precisan para estos menesteres puedan penetrar en ellas.

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