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Sucedió hace…. Cuando las campañas de aceituna se vivían de forma diferente

Mancha Real en los últimos 40 años, lo hemos visto como un pueblo donde la industria iba floreciendo y la mayoría de la gente trabajaba en alguna fábrica de maquinaria agrícola o de muebles, pero en todos los tiempos una de sus riquezas principales siempre ha sido el campo, sus inmensos olivares que siempre ayudaron a que las familias en aquellos años más duros pudieran tener un poco más de desahogo en sus economías con la recogida de la aceituna. Desde que comenzamos esta sección de Mirando al Pasado hemos ido recogiendo imágenes y recordando costumbres que con los años han cambiado mucho. La recolección de aceituna ha sido uno de los trabajos que más ha evolucionado a lo largo del tiempo, y por esto hemos querido traer algunas fotografías de diferentes campañas que comparadas con las actuales no tienen casi nada en común.

En las décadas de los 50, 60 y 70, la cuadrilla de mujeres era casi imprescindible, puesto que la aceituna del suelo se recogía a mano y las “buenas cogeoras” siempre estaban muy buscadas por los encargados o “manijeros”. En una oliva podían ir alrededor de 6 mujeres que se iban turnando en cada una de ellas para que no fuesen las mismas las que recogían las aceitunas más dispersas o “graneos” ya que la postura era más incómoda. La mayoría de las veces iban  detrás de los hombres cogiendo los suelos y la aceituna que había saltado fuera del lienzo. Era muy normal oírlas a menudo gritar la palabra “aceite”, para que los encargados de la criba viniesen a vaciar aquellos “ceberos” hechos de pleita que manejaban magistralmente. Vemos en la fotografía un grupo de “aceituneras” vestidas con la ropa que se usaba para el campo.

La familia de las “chirras” en la hora de la comida

Los horarios han sido otra de las cosas que cambiaron bastante, ya que en estos años solían “agarrarse” a las 10 de la mañana, echaban 3 horas y a la 1 era la merienda. Lo normal era estar una hora en la comida, con lo que una vez que el manijero daba la orden de parar, las diferentes familias se juntaban en alguna zona de la oliva que estuviese seca sin humedad, y de sus “capachas” comenzaban a sacar los embutidos de la matanza, el aceite de la cosecha propia y la bota del vino que apetecía echar un trago después de la mañana de trabajo. En la foto que mostramos vemos a una cuadrilla completa terminando de  comer entre los que estaban las hermanas María y Agustina (las chirras), con sus maridos Andrés y Antonio María y sus hijos Juan y Cata. También aparece el fotógrafo Miguel Michfer y fue tomada en los comienzos de la década de los 60.

En la criba se limpiaba la aceituna

En las primeras horas de la tarde normalmente se recogía la aceituna de los lienzos y se pasaba por la criba para que se pudiesen completar los capachos y cargar  para ir a dar un viaje hasta la cooperativa en la que cada uno era socio. En la foto vemos como varios jornaleros estaban en esta etapa de limpiar la aceituna en la criba, mientras que otro se encargaba de ir llenando en este caso los sacos para echarlos en la mula que estaba preparada para la carga.

El acarreo fue otra de las costumbres que se perdió en cuanto comenzaron a entrar los vehículos en los trabajos del campo, puesto que eran muy lentos y tenía que haber un jornalero prácticamente todo el día para dar un viaje por la mañana y otro por la tarde.

Mulero en la finca Hermosilla

A las cuadrillas que cogían más aceituna, con el tiempo, se fueron agregando varias mulas para que una sola persona pudiese llevar más sacos en cada viaje. No era igual en las pequeñas, puesto que había menos medios y era una sola la que hacia el transporte o como vemos en la foto que fue  cogida en la finca Hermosilla donde el mulero se disponía a cargar bajo con dos mulas bajo la mirada de una niña que los domingos y festivos era normal que se fueran al campo a acompañar a sus madres. Otro pequeño detalle es que eran capachos los que trasportaba la mula, de aquellos que se hacían con pleita y que tenían unas pequeñas asas para poder agarrarlos al cargar y una tapadera que se cerraba por medio de un pequeño ramal  cortado a medida.

Cuadrilla de los “botines” en el Pinote

La siguiente imagen corresponde a mes de marzo de 1967, en la zona del Pinote, donde la cuadrilla de los “botines” en la hora de la merienda se tomaron esta instantánea en la que aparecen entre otros, Jose Mª Collado, Manuel Rosa Valera “el moni”, su hijo Manolo o Andrés Jiménez. En las fincas más grandes normalmente se formaban dos grupos de cuatro hombres con otras tantas mujeres delante, recogiendo “suelos”, repartidas de tal forma que se llevasen dos hiladas hacia adelante. Cuando iban una pareja de jóvenes, normalmente se les ponía de “aceiteros” para recoger la aceituna de los lienzos y llevarlos a la “criba”.

Hora de la comida en la finca Villalta

Durante la campaña de aceituna, la mayoría de los aceituneros tenían que cambiar los hábitos con respecto a la comida del mediodía, ya que en nuestras zonas lo normal es que ésta sea en una hora que ronda desde las 2 a las 3 de la tarde, mientras que durante la campaña, oficialmente era la 1. Durante muchos años en la década de los 50 y 60, la mayoría de las cuadrillas que estaban en los alrededores de Mancha Real, se guiaban por la sirena que una de las fábricas de aceite del pueblo, hacía sonar precisamente a la 1, y era la señal con la que todos iban en busca de las “capachas”, un utensilio echo de esparto y que se utilizaba para llevar la comida al tajo, se sentaban debajo de un olivo donde no hubiese humedad, y con los embutidos hechos en la matanza, el pan con aceite y la bota del vino, reponían fuerzas para poder echar la tarde.

Familia Rojas, cortijo de la cuesta “el gao”

En los días soleados con buena temperatura, muchos optaban por la comida más tradicional de nuestra tierra como es la “pipirrana” echa con tomate, aceite, ajo y sal y algún otro producto que en ocasiones se le agregaba, como el huevo duro, bacalao o habas.

En los cortijos de nuestro municipio se formaban cuadrillas que unos bajaban a diario al tajo, y otros echaban la campaña en el cortijo, con los cortijeros que vivían en él todo el año y los que se quedaban solo durante la temporada de recogida. Vemos en la foto de los años 60 una de aquellas cuadrillas en el cortijo de la Cuesta “el gao”, en la carretera que va de Mancha Real a Baeza,

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