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Sucedió hace….Dice una famosa frase que «cualquier tiempo pasado fue mejor»

En la década de los 50, 60 o 70 en Mancha Real así como en la mayoría de los rincones de España, se vivían costumbres que con el normal paso del tiempo, muchos de ellos desaparecieron por no ir con los nuevos tiempos y otros se fueron adaptando a lo que se le comenzaba a llamar «moderno» pero que para aquellos que lo vivieron les trae muy buenos recuerdos y le viene muy bien aquella frase de «Cualquier tiempo pasado fue mejor».

 

Con la llegada a Mancha Real en septiembre de 1963, de las Hermanas Misioneras de Acción Parroquial y la constitución 3 años después del Patronato de la Fundación  «Escuelas Virgen de la Cabeza», las religiosas comenzaban una etapa en la que desde el comienzo del curso, impartían clases a diario a los niños y niñas que acudían a las cuatro aulas de las que disponían en las instalaciones del convento. Los finales de curso, al igual que en todos los colegios del pueblo, se concentraban los padres y familiares en la sala de actos, que por sus reducidas dimensiones era difícil encontrar un sitio libre para asistir a las actuaciones de los pequeños, como podemos ver en la instantánea, en la que  un grupo de niñas saludaba después de su actuación.

Don Martín Jiménez en el púlpito en 1965

Fueron muchas personas las que pasaron por la Iglesia Parroquial de San Juan Evangelista en la década de los 50 y 60 que seguro que recuerdan la composición del Altar Mayor antes de hacerse las reformas para adecuarlo a los nuevos tiempos y que sigue así en la actualidad. En aquellos tiempos había una baranda en el perímetro del Altar Mayor, saliendo de los laterales unas escaleras tipo caracol que subían a los 2 púlpitos que se encontraban en alto junto a las columnas y desde los que el Párroco de la época, ofrecía la Homilía a los fieles. Vemos una foto tomada el 28 de junio de 1965 en la que el sacerdote local Don Martín Jiménez se encontraba en este púlpito.

Día del Domund en los comienzos de los 70

Eran los comienzos de la década de los 70, y por aquellas fechas cuando llegaba el día de la «Banderita» o el «Domund», en toda España se desplegaban cientos de mesas con voluntarios, que recaudaban fondos a todos los viandantes que pasaban por el lugar donde colocaban estos puestos. Las mesas normalmente estaban ocupadas por personas importantes de la sociedad, y recibían los donativos poniendo una pequeña bandera con un alfiler en la solapa. Con las huchas estaban por los alrededores jóvenes voluntarios que hacían lo propio, esperando que alguna moneda entrase en las huchas que portaban. Vemos una de estas mesas que se instaló en Mancha Real, en la plaza, junto a la farmacia antigua que hubo en el local donde actualmente se encuentra la Caixa, siendo el grupo que este día estaba haciendo esta labor benéfica, a la derecha de la imagen Clementa Rojas, esposa de Miguel Póvez, Jefe Local del Movimiento, Mari Gallo, esposa de Francisco Carrillo, Alcalde en los 60, Manoli Cañadas, esposa de Martin Morales, farmacéutico y Alcalde en aquellas fechas, Manolita, esposa de don Pedro el médico, Lourdes Aranda, Virtudes Carrillo, esposa de Joaquín Aparicio, Maruja Jiménez, esposa de Manuel Jaiñaga, Concejal en varias ocasiones, y a su lado estaba su hijo pequeño Alfonso.

En la fábrica de muebles Sesa

En 1963, un joven empresario había llegado de Madrid con ideas nuevas en la fabricación de muebles en serie, rompiendo una tradición de hacerlos bajo pedido, con el consiguiente ahorro de materiales y mano de obra. A la empresa le dio el nombre de «Sesa» que eran las iniciales de su nombre y primer apellido, Serafín Salido, y de ahí salieron muchos de los nuevos emprendedores que años más tarde hicieron que Mancha Real fuese un pueblo con una gran industria del mueble. En la foto vemos el primer local donde comenzó en la yesería que sus padres tenían en la calle La Lonja, con trabajadores muy jóvenes y algún aprendiz que en aquellas fechas era normal que todas las empresas tuviesen varios.

Colegialas jugando a la comba en 1961

En alguna ocasión hemos hablado aquí en esta sección de las maestras Dª Antonia, Dª María y Dª Sole Jiménez, conocidas en el pueblo con el apodo cariñoso de «las mancas», que durante las décadas de los 50, 60 y parte de los 70 tuvieron su escuela en su domicilio en la calle San Marcos. Fueron cientos de chicas las que pasaron por sus aulas, teniendo todas ellas un gran recuerdo de sus enseñanzas en su etapa como colegialas. Vemos en la fotografía a un grupo de niñas entre las que se encontraban M. Dolores y M. Socorro Aparicio que vivían en las cercanías, en la puerta de este colegio un 17 de mayo de 1961, y con un juego muy habitual en aquellos años como era «la comba», una forma muy tradicional de diversión que solo necesitaba de una cuerda y muchas ganas de saltar al ritmo de las diferentes canciones que todas sabían de memoria. Al fondo se aprecia una de las costumbres de aquellos tiempos, en los que en la mayoría de las casas se tenían mulas o burros con los que se traía la leña, que luego servía para cocinar y combatir el frío en el invierno.

Trillando en la era de San Marcos en 1920

En la temporada de la siega en el pasado, era normal ver en los alrededores del pueblo en las diferentes eras que se habilitaban, a multitud de gente trabajando en la recogida del grano de las mieses que ya habían sido segadas en los campos. Una de estas eras en las que más movimiento se formaba durante la campaña, era la que se encontraba en la zona de las pilas, justo enfrente del colegio de San Marcos, donde se esparcían estas mieses o «parva» para que los trillos como el que vemos en la foto, tirados normalmente por una mula, fuese dando vueltas en círculo sobre ellas, para que las cuchillas que llevaba en la parte de abajo, fuese separando el trigo de la paja. Después se amontonaba esta parva ya trillada, para limpiarla ayudados por el viento, que al ser arrojada hacia arriba, el grano caía limpio en un montón, y la paja en otro.

Obras de alcantarillado en 1961

Si vemos en la actualidad las obras de pavimentación o arreglo de calles, la maquinaria es la protagonista de todos los trabajos ya que sería impensable hacerlo a mano. Sin embargo no siempre fue así, ya que como vemos en la foto, aquellas obras de alcantarillado realizadas en la calle Maestra en el 1961, fueron a «pico y pala» y ayudadas por el carrillo de mano que era lo que se usaba para retirar la tierra. Aquellas fueron unas obras de gran importancia para muchas de las calles de Mancha Real ya que gracias a ellas, muchos de los vecinos pudieron disponer de agua corriente y de red de alcantarillado en sus casas, con lo que esto suponía en comodidad e higiene en todos los niveles de la población. En la foto se aprecia la hornacina del Cristo de la Yedra, que en aquellos años estaba en la esquina y que luego debido a la construcción del edificio, se desplazaría unos metros más adelante.

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