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Sucedió hace….Oficios y trabajos que desaparecieron con el tiempo

Eran trabajos que requerían mucha mano de obra

A lo largo de los años, desgraciadamente, se han ido perdiendo oficios y costumbres que habían estado entre nosotros mucho tiempo, pasando de los abuelos a los hijos y luego a los nietos que miraban en sus progenitores como hacían aquellos trabajos que cuando los aprendías, nunca se olvidaban. También se ha perdido la figura del “aprendiz” en cualquier trabajo o profesión, algo que hizo que se tuvieran que montar escuelas con cursos especializados, que mientras hubo bonanza económica estuvieron funcionando, pero que en la actualidad se estudian fórmulas de volver de alguna forma a formar a los jóvenes en las empresas como se hacía antiguamente.

La foto de portada corresponde a los últimos años de los 50 y primeros de los 60, donde había en nuestro municipio varios profesionale dedicados a la venta de carbón, que tenían en sus domicilios una habitación para almacenar este artículo de primera necesidad en aquellos años y que era el combustible para las “lumbres” de las casas donde las familias preparaban las comidas y todo aquello que tuviesen que calentar en las brasas. También algunos de estos “carboneros” salían por las calles con la mula o el borrico a venderlo de puerta en puerta, como vemos en la foto tomada en la calle Marcos Cubillo, junto a las casas de las “protegidas” que llevaban poco tiempo contruidas. Las mujeres salían a la llamada del carbonero para comprar unos kilos como se ve en la foto, donde el vendedor llevaba el carbón en el serón y una especie de romana donde en un plato se ponía el carbón y en el otro las pesas correspondientes a los kilos que se llevaban. Al fondo se ve la calle con un solo coche de aquellos antiguos que subía hacia la calle Maestra.

Segadores en 1954

La imagen que mostramos a continuación fue tomada en el cortijo de “Torrelalamo”, (nombre que siempre se le ha dado) cuyo dueño era Juan Uceda. En ella vemos a tres “segadores” que pararon su faena ya que por el camino pasaba un fotógrafo de los que se desplazaban por los pueblos y cortijos. Colocó su antigua cámara para inmortalizar este duro trabajo que comenzaba en pleno mes de julio y duraba tres meses aproximadamente. La foto se realizó en 1954 y en ella aparece Alfonso Moreno (en el centro), José de Dios (a la derecha) y Antonio Barbadilla (a la izquierda ) de Pegalajar. Esta forma de cosechar el trigo o la cebada poco a poco se fue perdiendo por la entrada en años posteriores de las maquinas segadoras tiradas por mulas y que se utilizaban a mano, hasta que las modernas cosechadoras quitaron aquél duro trabajo que mantenía a miles de jornaleros.

 

 

 

Matanza del cerdo en los domicilios particulares

El oficio de “matarife” fue durante años, uno de los más requeridos por la gente en la época de la matanza del cerdo, ya que en poco más de un mes, se sacrificaban todos los animales que se habían estado engordando durante todo el año. Eran unas fechas muy señaladas porque se aprovechaba cuando llegaba el frío normalmente por San Martín, de ahí el dicho popular, y se hacía la matanza para tener los embutidos que se consumían en la campaña de aceituna que en aquellos tiempos se recogía un poco después de lo que se suele hacer en la actualidad. Esta actividad era todo un ritual, pues en los días previos y durante los que duraba todo lo referente a ella, se reunían casi toda la familia para ayudar en todo lo que había alrededor de esta costumbre que se fue perdiendo desgraciadamente. Vemos en la foto como el matarife que en este caso era Serafín ayudado por los dueños, llevaban al animal hasta una especie de sillas unidas y atadas donde los sacrificaban para después en una especie de “artesa” echarle el agua, que previamente se calentaba en un pequeño bidón en la “lumbre”, para poder quitarle todo el pelo hasta quedar completamente limpio. El matarife no acababa su labor con la muerte del cerdo puesto que después había una serie de pasos a seguir para que todo saliera perfecto y la matanza sirviera para aprovechar todo lo que tiene el animal, bien para hacerlo embutidos o para guardarlo el resto del año. Como hemos comentado, una vez que el animal estaba completamente limpio, se colgaba con una especie de palo llama “camal” y que servía para que el profesional tuviese a mano toda la parte por donde se abría y se dejaba en canal. Las mujeres eran las encargadas de limpiar los intestinos que luego era la tripa de los embutidos y el cerdo se hacía trozos, poniendo los lomos y las carnes en unos “lebrillos” para picarla y hacer el embutido, y por otro lado se cortaban las pancetas, las paletillas y los jamones que se salaban para que al cabo de uno meses o un año en el caso de los jamones, poder consumirlos. 

Haciendo pleita en 1954

Hubo un tiempo que muchos de nuestros antepasados aprendían a hacer “pleita”, una actividad  que tuvo mucha importancia en el pasado, puesto que muchos de los utensilios que se usaban entonces estaban hechos con este arte. La pleita no era una profesión que se pudiese vivir de ella, puesto que era muy laboriosa y estaba muy mal pagada, por lo que se hacía como entretenimiento y la mayoría de las veces era la gente mayor la que se ponía en la puerta de su casa y hacían unas veces sus propios utensilios y otras encargos que los vecinos o amigos les hacían. Algunos de los artículos que se podían hacer con el esparto que era la materia prima, eran espuertas, usadas en la aceituna o para el pan, las capachas, tan utilizadas por los jornaleros para llevar la merienda al campo, aquellos soplillos que se usaban para darle aire a la lumbre, o las cestas que usaban las mujeres para hacer la compra. En la imagen vemos a toda una familia en el año 1954 en la puerta de su casa, en la calle Tosquilla en la que Juan Cobo y María acompañados de sus hijos Pedro y Juan, su nuera Ana Torres y el hijo pequeño de estos Juan, (familia de Blas el del Puerta Real) hacían utensilios de este material.

Almacenes Avenida en Jaén 1949

La siguiente imagen no es de un establecimiento de Mancha Real, pero lo hemos querido recordar por ser muy conocido y visitado durante años, se trata de Almacenes Avenida de Jaén, una tienda de ropa con mucho años de historia y que mucha gente de nuestro pueblo han pasado por ella. Su dueño era Ángel Montes y estaba ubicada en la avenida de la Estación, junto a Galerías Preciados que luego pasaría a ser el Corte Ingles. La foto es del 19 de octubre de 1949, y vemos como los seis vendedores posaban detrás de aquellos mostradores de madera con las estanterías llenas de rollos de tela de la que se vendía para confeccionar los diferentes trajes. Entre los vendedores podemos ver a dos de ellos que eran paisanos nuestros como Juan Valenzuela y Paquito Cano.

Mulero transportando ramón
En la gavillera del horno de Toribio

El “mulero” era una profesión que se ejercía con una o varias mulas que se tenían en las cuadras de los domicilios de las casas antiguas de la gente trabajadora, en los corrales que toda vivienda tenía. En los corrales había dos cosas de las que casi todas disponían, una era la “gavillera”, llamada así porque allí se acumulaban las gavillas de la siega y sobre todo los “haces de ramón”, que eran las ramas de los olivos que en la época de podarlas, se juntaban y se llevaban a estas gavilleras situadas al fondo del corral de las casas y puestas de tal forma que no tocasen el suelo para no coger humedad y así usarlas para el fuego o bien para alimentar algún animal casero. Algunos negocios como las panaderías, tenían grandes gavilleras usadas para alimentar el horno en el que cocían el pan, como la que vemos en la imagen del horno de “Toribio” situado en la calle Sancho y que aparecen en ella, Miguel, Francisco, y Antonio en el año 1961.

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