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Comienza el año en la Peña El TRILLO con el lujo de Antonio Checa y el arte de Antonio Puerto y Manuel Campos

El Poeta escritor y flamencólogo Antonio Checa
El poeta con Ángel y Antonio

La peña flamenca EL TRILLO inicia su andadura en 2020 con la presencia del escritor, poeta y flamencólogo Antonio Checa en su escenario.
Antonio Checa es colaborador habitual de prensa y radio y destaca por su labor poética, tiene más de cuarenta libros escritos y cuenta con diversos premios en su haber.
Es un reconocido aficionado al flamenco y es muy querido en nuestra peña donde ha colaborado en más de una ocasión, también fue presentador del festival flamenco en alguna de sus ediciones.
Anoche nos deleito con su sabiduría flamenca y los aficionados quedaron encantados escuchando su disertación sobre el flamenco y la labor divulgativa y de conservación que hacen las peñas, en este caso tomando como referencia la nuestra a la que tiene un especial cariño.
Gracias Antonio Checa, nosotros encantados con su presencia y con su cariño.

 
El cantaor Antonio Puerto con Manuel Campos

Abría el sábado 4 de enero del año en curso, ese majestuoso auditorio donde Mancha Real, con la Peña del Trillo empieza o da su inicio a la Cultura Flamenca. Repleto de personas amantes de nuestro más sensible arte, aparece la noche con ese emblema postizo de las preparaciones para el acto: Antonio Martínez, Ángel Jiménez, María del Mar… Los socios. Todos esperan a quien canta y a quien toca, a aquellas personas que van a hacer que el sábado primero del año 2020, den al Trillo, ese acento de la tradición donde el Cante Flamenco ofrece en la voz de Antonio Puerto y el toque del guitarrista Manuel Campos, los inicios de un año que se augura flamenco por los cuatro costados.

Los artistas con Ángel y María del Mar

Llega la hora esperada. El micro en las manos de Don Ángel anuncia la primacía de una pequeña Charla que el Poeta Antonio Checa, ofrece a su amigos en pró de esa Cultura que este Pueblo de nuestro Jaén ofrece sin más, solo por amar la tradición de siglos de un contenido emocional donde, el tiempo guarda una belleza cantada, que unida a la guitarra, al baile y las palmas, giran para decirnos parte de un pasado adherido a la tierra que de desde sus olivos la grandeza del recuerdo de nuestros mayores suelta en ese pueblo y en sus Mancharrealeños.

Muchos aficionados asistieron a esta velada

El poeta, se aferra entre sus versos a sentido ético del “quejio” y el grito de la seguirilla abrazándose a la Debla que besan sobre el fandango los ayes de una tierra bañada por el cante que nos da un deje especial y nos llama Flamencos.
Después de que nos dejara dicho el poeta que:
“Si en tu boca de miel, de puro aroma/ que jugando a misterios te enloquece/ nunca sabrá el columpio quien se mece/ ni el hombre su dulzura de paloma/
Arranca el cante: una guitarra sobada por manos expertas, le da un leve empuje al bordón y ofrece al cantaor la silla: se sientan, los mimos del pañuelo, los sonidos de ayes a la espera, el toque triangular de las miradas y la voz de Antonio Puerto ofreciendo las malagueñas del Mellizo, la grande y la chica, y vemos ese arranque de graves que llegan a nosotros: La guitarra suena. Se asoman los fandangos, las Alegrías de Cádiz, sujetando los tangos y: La soleá, aquí hay que divagar, esa voz exagerada, ese sudor de esfuerzo, ese talante de sacar el pecho asomarse a la noche, es el placer de un cantaor añejo.

Hubo foto de grupo

Asomado a las Tonás, Antonio Puerto dejó patente su saber hacer y su labor expresivo. Perfecto en las notas donde dejaba caerse y maestro de un cantar donde el tiempo guarda sus secretos.
Apareció la Solea de Charrabuco, Apolar, Segurillas que aflojan los pulmones y hacen del pecho un hervidor de atino, nos dieron en la noche una nota de maestro, un cante primitivo. Asomaron Fandangos de Huelva, tonos serios y lanzamiento de ensanche nos hicieron ver que quien cantaba era un maestro del tiempo, un cantaor de altura: sabía lo que cantaba.
La noche fue buena el acto afortunado y los asistentes llenos de un silencio de maestros, aplaudían ese arte cantado en esa peña famosa por la devoción al mismo.
Fotos, abrazos copita de vino o cerveza con tapas dieron a la noche ese embrujo feliz que contiene el flamenco, el don de los preclaro y del sosiego, la luz del pasado cantando en el presente.

Crónica: Antonio Checa, escritor, poeta, flamencólogo y sobre todo amigo de la peña flamenca EL TRILLO.

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