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El pintor Antonio de la Muela, oriundo de Mancha Real, expone sus obras en Jaén

Antonio de la Muela muestra su exposición
Antonio de la Muela muestra su exposición

Retrato del pintor
Rafael Soria Sales
Retrato del pintor
Pilar Soria Herrera
Díptico informativo | PDF 1,22 MB
Díptico informativo | PDF 1,22 MB

Hoy tenemos con nosotros al pintor Antonio Herrera de la Muela, madrileño de nacimiento, pero con sus raíces y orígenes en Mancha Real, que expone en estos días en la Sala de Exposiciones del Colegio de Abogados en Jaén del 24 de Octubre al 22 de Noviembre. Nacido en Madrid en 1972 hacemos un breve relato de la trayectoria del artista a lo largo de estos años, así como su currículo recogido en el díptico confeccionado para esta ocasión.

La inspiración en Mancha Real se plasma en Madrid

… y en Mancha Real, porque el retratista Antonio Herrera de la Muela, hijo y nieto de manchegos, llena de la luz de nuestro pueblo los retratos que pinta en su estudio del viejo Madrid, pero también en los que esboza o termina en La Mancha. Fueron muchos los veranos que Antonio pasó en Mancha Real en su periodo de formación, lo que le ha permitido conocer bien tanto las calles como a la gente del pueblo y, en la actualidad, pasa temporadas en un lugar que, además de buenos recuerdos, le trae nuevas sensaciones lumínicas y nuevas historias personales que reflejar en un lienzo.

Prueba del cariño de este pintor oriundo de La Mancha es el cuadro que ha donado a la iglesia de San Juan, una “Visitación” en una ceremonia en la que actuaron como “madrinas” Mani (Magdalena) Herrera Morillas y Carmen Álvarez Morillas. Si en este caso no podemos hablar de un retrato estricto si podemos admirar tanto el colorido como el trasfondo psicológico que las figuras nos trasmiten en un momento tan trascendental.

Buen alumno de la escuela británica, su profesora Susan Engledon reforzó en Antonio las constantes del retrato clásico basadas en el acercamiento veraz a la fisonomía y el interés en retratar su carácter y su psicología. “Creo que todos estos principios, dice Antonio, pueden verse en uno de los cuadros que he presentado recientemente en mi estudio, el de mi tío Rafael Soria. En él he querido, por supuesto, destacar su figura, pero hubiera quedado vacío sin mostrar una de sus grandes pasiones, los coches de época. Resume como pocos lienzos, además, lo que tanto mi infancia como mis estancias recientes en Mancha Real suponen en mi obra”.

“Dicen que la luz de Madrid hace especial los cuadros y es muy cierto cuando hablamos del paisaje; sin embargo, para el retrato, intento siempre reflejar la cálida luz de Mancha Real, que me permite llegar a matices especiales en los rasgos y en los fondos. Cierto es que muchos de mis retratados son o se sienten de aquí y que quizá, añade con una sonrisa, los que no lo son, acaban rodeados de su luz. Tuve ocasión de comprobar los efectos de esos matices lumínicos en mi formación en Londres, en las escuelas de Arte Saint Martins King Cross, Dali’s Studio y en particular en Chelsea, en Heatherlith’s.  La luz puede serlo todo en un retrato.”

“Me siento muy cómodo trabajando en Mancha Real. Tengo a mi familia cerca –y aunque los Herrera, los Morillas, los Carrillo somos muchos- y a muchos amigos con los que compartir lo que hemos vivido cuando no estamos reunidos; además, siempre encuentro en las calles del pueblo, en nuestras tabernas, en el Parque, en Las Pilas, nuevos rostros que me aportan retos; muchos no serán retratos, pero si inspiración como ocurre en el caso del cuadro de San Juan Evangelista”

OLIVARES Y OLIVAREROS: RETRATOS EN JAÉN

En estos tiempos tan extraños, comenzamos a necesitar retratos de la gente, de sus mentes y su indumentaria, un boceto fiel, dibujado sin maestría pero con veracidad, podría resultar útil.

Phillis y Rosamond.

Virgina Wolf

Esta exposición reúne el trabajo de mis últimos seis años en torno al género del  retrato y es un placer poder presentarla en el Ilustre Colegio de Abogados de Jaén donde estuvo colegiado mi bisabuelo Don Juan Herrera Morillas (Mancha Real fechas de nacimiento y muerte).

Mis primeros pasos en el género los di en la escuela de pintura Heatherly´s de Londres, de la mano de la artista y maestra Susan Engledow, quien me enseñó que el retrato es algo más que la mera expresión mimética del modelo. “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve” dice el poeta Antonio Machado, quien con estas palabras subraya la importancia de la mirada como gesto tácito, subjetivo y personal. Un gesto que individualiza y caracteriza al retratado. Estas han sido mis premisas desde el retrato de Pilar Soria Herrera (2008), pintado en mi estudio hasta el  de Rafael Soria Sales  (2013).

En “OLIVARES Y OLIVAREROS: RETRATOS EN JAÉN” casi todos los retratos tienen por fondo el campo jienense, que me ha permitido expresar mi inquietud por el estudio y la plasmación de la luz. Una luz que se manifiesta en el reflejo de una ventana, en las sombras que arroja  una rama de oliva sobre una mano  o las de una palmera sobre el  enlosado de un patio.

En diciembre de 2012 afronte la realización del retrato de Rafael Soria Sales. En este mes  la luz que bañaba Jaén ya no era la luz dorada del estío ni la rosada de la primavera.  Esta pintura iba a surgir de una luz fría y verdosa que veía y sentía a mi alrededor, tanto en los tonos de las hojas del olivar, como amasados en el aire y disueltos en la atmosfera que nos rodeaba. ¿Cómo plasmar esto?

Ante mí tenía dos retos: el encargo del retrato y la luz oliva de Jaén en invierno.  El primero conlleva una investigación por medio de bocetos, conversaciones, estudios y siempre guiado por el comitente. Para poder afrontar el retrato de Rafael, visite, guiado por él, el espacio donde transcurre la mayor parte del día, la cochera donde guarda sus automóviles. Allí pude observar como entra “la luz de oliva”, el segundo reto, y cómo va iluminando los coches, las ruedas, los faros y los guardabarros hasta que toman forma. Brillos, sombras y  medios tonos surgen todos de la luz que entra y configura una escenografía singular.

Todo retrato de esta exposición es resultado de una experiencia artística  única donde se hizo presente y plasme el “aquí” y el “ahora” de la vida de una persona.

Quiero agradecer  a mi familia jienense su generosidad y el  entusiasmo que me han brindado para llevar a cabo este proyecto. Especialmente a  Narciso Herrera Marmol, a Manena y Ángela  Ramírez Herrera a Narciso Herrera Morillas por su cálida acogida y desinteresada ayuda, y también a la Familia Soria Herrera y en particular a Pili por el ánimo y entusiasmo. A la familia Romero Pérez-Valsalobre por su interés,  especialmente a Magdalena Herrera Morillas  y  no  deseo terminar sin recordar  con cariño  la  memoria de  María Herrera del Castillo (Mancha Real 1932-Jaén 2012).

2 comentarios

  1. Antonio a parte de un buen pintor es un
    tipo encantador para pasar el tiempo con el y
    presume como nadie de sus orígenes jiennenses
    Y de su familia entre Olivares y olivareros….

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