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Las lluvias dejan huella en Mancha Real

La Av. Peña del Águila inundada
La Av. Peña del Águila inundada

Fuente: Ideal | Que llueva en otoño, invierno y primavera en Jaén es normal y positivo. Que llueva una barbaridad, con terremotos en la Loma y pantanos al cien por cien, es anormal y desde luego negativo. Pues eso es lo que ha ocurrido en este curso que poco a poco se adentra en su fase más seca, aunque parece que las borrascas, que tanto han deslucido las procesiones de Semana Santa, se resisten a marcharse -por lo pronto, según los pronósticos de la Agencia Estatal de Meteorología, de aquí al viernes entre 80 y 90 por ciento de probabilidad de lluvia todos los días-. Y es que conviene tener muy en cuenta el pasado y el presente para entender algunas cosas importantes en el futuro. La primera, que el peligro de sequía -los expertos apuntaban que íbamos de cabeza hacia ella- ha desaparecido. Con todo lo que hay guardado (2.201 hectómetros cúbicos respecto una capacidad total de almacenaje de 2.297 hectómetros) hay para regar los campos durante dos años y para garantizar el consumo doméstico durante tres. Y la segunda, recién apuntada, es que los olivos están saciados y la próxima cosecha será sensiblemente superior a esta última. Esto se llama ‘dinero’ para Jaén.

Un par de números para situarnos en el espacio y en el tiempo. Según las estadísticas oficiales de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), en lo que llevamos de ejercicio hidrológico -exactamente hasta el pasado miércoles- estamos en una media provincial de 837 litros por metro cuadrado. Esto es, utilizando un lenguaje coloquial, una auténtica exageración. Para que se hagan una idea, el promedio anual del último cuarto de siglo -contando también los meses que quedan hasta septiembre- es de 582 litros por metro cuadrado. Con que se mantenga un poco la racha -véase previsiones del Aemet para la próxima semana- es más que factible que superemos los 1.000 litros. El doble. Por lo pronto, en algunos puntos de Jaén ha caído la ‘mundial’. Resultan especialmente significativos los datos de Cazorla y el Quiebrajano, en el área metropolitana de la capital. En el primer caso los pluviómetros de la Confederación han recogido 1.435,5 litros y en el segundo, 1.428,3 litros. Tres veces más de los registros habituales. Muchas estaciones meteorológicas de la extensa red que dispone la CHG por todo el territorio jienense están por encima de los 1.000 litros. Por ejemplo, Tranco de Beas, una de las presas más importantes toda la cuenca, donde se han computado 1.132,5 litros; Aguascebas, donde se ha llegado a los 1.281,9 litros; o Siles, con 1.297,8 litros.

Los contras

¿Cuál es el principal problema de todo lo que ha sucedido? Pues que ha habido fases en que se han concentrado fuertes tormentas en pocas horas. Este marzo, que hoy toca a su fin, sirve para explicar los efectos de los temporales. El servicio de emergencias 112 ha recibido en el intervalo comprendido entre el 1 y el 28 de este mes un total de 932 llamadas procedentes desde Jaén. La incidencia más grave se produjo en la pedanía de Mogón, en el término municipal de Villacarrillo, donde se tuvo que desalojar de forma preventiva a 245 personas de 94 viviendas por la evolución de la presa del Tranco y por estar las casas muy cerca de los ríos Guadalquivir y Aguascebas, que confluyen en este punto. También se vio interrumpido el tráfico ferroviario tras producirse un desprendimiento a la altura del punto kilométrico 385,50, entre Vadollano y Linares. Y en Andújar se tuvo que activar su plan de emergencia por la crecida del Guadalquivir, que a punto estuvo de superar la altura del puente romano, que marca el límite de las inundaciones. Episodios que, afortunadamente, se quedaron en mucho susto y momentos de gran incertidumbre.

Ha caído tal cantidad de agua que varios investigadores sostienen que los seísmos que se producen en la Loma están causados por el rápido vaciado y posterior llenado del Giribaile. Una teoría que recientemente ha sido avalada por la institución científica estadounidense American Geophysical Union. Es un fenómeno desconocido hasta ahora en España, pero del que sí existen precedentes en otros países como Alemania, Francia e Italia. Se genera por el rápido paso de una acusada sequedad a un nivel de precipitaciones histórico. Los mecanismos de reajuste tensional por semejante cambio en las condiciones mecánicas, lubricación de fracturas, aumento de la presión intersticial y explosiones de aire con abundante gas comprimido en poros y oquedades están detrás de tantos movimientos -el último sentido por la población ayer mismo- en la franja que va de Torreperogil a Sabiote.

Pero los aspectos favorables superan, con creces, a los desfavorables en plaza agrícola como Jaén. Todo el mundo está expectante. ¿A qué? Pues a lo que ocurra dentro de un mes más o menos, cuando la primavera estalle de verdad y se pueda comprobar cómo de ‘cargadito’ viene el cultivo. Con 66 millones de olivos ahí fuera, resulta bastante complicado hablar en términos generales. Hay decenas de factores que influyen en que las explotaciones se desarrollen mejor o peor, aunque el principal elemento, precisamente el líquido ‘elemento’, ha sido más que abundante. Todo depende del cristal con que se mire y de quién haga las valoraciones. Hay ingenieros agrícolas que hablan de que el estado de las plantaciones es bueno en general y otros advierten de que el proceso de retallo, de donde salen las flores primero y los frutos después, no está siendo óptimo. Y es que en función de que haya más o menos aceituna, los precios deberán subir, también, más o menos. En este negocio siempre se trabaja a dos años vista y más si tenemos en cuenta el déficit de oferta de esta cosecha, que se ha reducido un 83 por ciento respecto a la anterior en zonas como Jaén.

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