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Mancharrealeños por el mundo: Manuel Morillas en Nueva York

Abrimos hoy un espacio participativo para todos aquellos vecinos de Mancha Real que deseen contarnos sus experiencias fuera del país, ya sea por un viaje o por un trabajo. Os animamos a que nos contéis vuestra historia mediante un texto redactado en Word que vaya acompañado por algunas fotos que ilustren la experiencia. Podéis enviarlo a través del correo [email protected]

Comenzamos con la aventura de Manuel Morillas en Nueva York, una visita de tres semanas que pudo realizar gracias a una beca para mejorar su nivel de inglés.

 

Los edificios son grandes; las avenidas, también; los museos, las estatuas, los coches… En Nueva York, todo es grande. Y bullicioso. Todas las cosas están pensadas para impresionar por su tamaño, y también pensadas para ser vistas y utilizadas por millones de personas. Ésa es la primera impresión que tuve al poner un pie –ya de noche, hace casi un mes- en el suelo de Manhattan, y es la impresión que me ha acompañado durante mis tres semanas de estancia allí.

Pero no está reñido para nada ese elefantiásico tamaño con la más sutil y encantadora belleza. He disfrutado –gracias a una beca de tres semanas para mejorar mi inglés- de una ciudad enorme, pero preciosa. Llena de rincones únicos y escondidos mezclados con lugares que todos conocemos a través de la magia del cine. Una ciudad en la que viven y trabajan más de ocho millones de personas, con lo que todo ello conlleva de aglomeraciones y caos pero también de intercambio cultural, de riqueza.

No podría resumir en unas pocas líneas mi experiencia durante estas tres semanas –para eso se necesita mucho más espacio, como el que ocupan los tweets de #DiarioNY con los que mis seguidores en Twitter han ido “viviendo” el viaje-. Así que me voy a limitar a contaros cómo son las cosas que, según mi modesta opinión, uno no debería perderse si algún día viaja a Nueva York:

– Times Square: Es tal y como lo vemos en las películas y los anuncios. Luces y sonidos por todos lados. En esa zona jamás es de noche, los neones no lo permiten (aunque lo de que nunca duerme es un mito; si vas después de las 3 de la mañana puedes disfrutar el placer de pasear “a solas” por esta marea de anuncios y musicales). Puedes comprar entradas rebajadas para musicales, encontrarte al famoso Naked Cowboy… Y ver tiendas que te devolverán a tu más tierna infancia, como la de Disney o la de m&m`s.

– La Quinta Avenida: Aunque se visite la gran ciudad con una economía reducida, no conviene dejar de darse un paseo por las tiendas más caras de esta arteria de “la capital del mundo” (cuidado con la tarjeta), y entrar –por curiosidad y por hacerse la típica foto- en Zara, la Apple Store… Cuando yo estaba allí, y levanté la vista, me encontré con maravillas como el Empire State o la Catedral de St. Patrick (que ahora está en obras).

– Nueva York desde las alturas. Hay dos posibilidades: subir al Top of the Rock (el edificio más alto del Rockefeller Center) o al Empire. Ambas merecen la pena. Yo tenía una tarjeta con descuentos y pude subir a ambos. Mi recomendación: Subir al Top of the Rock a media tarde, disfrutar de las vistas de día, del atardecer, y de la maravillosa ciudad iluminada de noche. ¡Os gustará!

– Brooklyn Bridge: No se debe escapar un atardecer desde este puente. Yo fui en metro hasta Brooklyn, y la vuelta hasta Manhattan la hice paseando por esta maravilla de la ingeniería. El skyline me dejó boquiabierto. Es una de las imágenes más bellas que recuerdo…

– Estatua de la Libertad: Me la habían pintado como algo que no merece la pena. “Es pequeña y fea”, decían. Para nada. Impresiona su tamaño, su historia, y las vistas desde su isla. Una curiosidad: la estructura fue realizada por un tal Gustav Eiffel, ¿os suena?

– Museos. El arte me encanta, así que aquí os podría aburrir con un sinfín de recomendaciones… Lo básico: El arte egipcio y romano, la pintura española y la impresionista en el Metropolitano; un paseo tranquilo por todas las salas del American Museum of Natural History; la planta quinta del MoMA (Warhol, Miró…). Y, de curiosidades, el Madame Tussauds de cera, y el Believe it or not de cosas extrañas.

– Wall Street y distrito financiero. Es la zona más antigua de la ciudad, en Lower Manhattan. Las calles no están cuadriculadas, y en ellas se mueve una gran parte del dinero mundial. La típica  foto delante de la bandera en el edificio de la Bolsa, o tocándole “sus partes” al toro para que nos dé suerte en los negocios, no pueden faltar.

– Central Park. Por poco tiempo que se tenga, hay que disfrutar de al menos una tarde en este gigantesco y precioso parque. Es como una ciudad dentro de la urbe. Lugares fundamentales a visitar: la plaza Imagine de homenaje a Lennon (“templo” silencioso que me emocionó), el gran estanque, el palacio Belvedere, la plaza de Alicia en el País de las Maravillas y la de los escritores. Aire fresco en medio del cemento y el ruido de claxons.

– El edificio Flatiron. Aunque no demasiada gente lo conoce, para mí es el más bonito de toda la ciudad. Situado entre la Quinta Avenida y Broadway, tiene una forma diferente que lo hace especial y cautivador. Durante un tiempo fue el más alto; hoy es el que yo más recomiendo.

– El memorial del 11-S. Espacio de recuerdo y homenaje, que encoge el corazón. En ese lugar me demostraron una vez más los americanos que saben honrar a sus víctimas probablemente como nadie más en el mundo…

– Los barrios: Cada uno tiene su “cosita”, pero hay que verlos todos. Lo que más me gustó, la hamburguesa de Juniors en Brooklyn, la misa góspel en Harlem (toda una experiencia), y el misticismo y “mala fama” de El Bronx.

– Algunas cosas más. Éstas requieren menos tiempo, pero las considero fundamentales: la Grand Central Station (me hizo muchísima ilusión ver las tan famosas escaleras que han aparecido en series y películas), el Radio City Music Hall (impresionante teatro interior con capacidad para 6.000 espectadores), el Yankees Stadium…

– Y, si se dispone de algo más de tiempo, también recomiendo ver un partido de los Yankees (impresiona ver cómo viven el béisbol en esa ciudad, como aquí vivimos nosotros el fútbol), un musical en Broadway (yo vi El Fantasma de la Ópera y quedé encantado), y una Ópera o un Ballet en el Lincoln Center…

Esto es todo. Ha sido intenso, pero no se puede resumir más. Así es como yo veo una ciudad a lo grande. Por supuesto, y aunque no se haya comentado, también son grandes las diferencias sociales –los coches más lujosos conviven con rincones donde algunas personas duermen bajo cartones- y eso es muy duro. La crisis también se ha notado allí, aunque quien vive y trabaja en la Gran Manzana no se ha visto demasiado afectado.

Totalmente recomendable ir allí. Nueva York no es esa mole fría de cemento y humo de tubos de escape que a veces imaginamos. Ofrece mucho, y muy variado… ¡Animaos!

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