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“Ni los más mayores recuerdan un año tan malo en el pueblo”

Cooperativa de Mancha Real
Cooperativa de Mancha Real

Fuente: Ideal | Jaén vive los momentos más difíciles de los últimos cinco años. A la gran crisis se suma ahora la ‘pequeña’ crisis. La del olivar. No hay aceitunas, no hay trabajo en la época del año en que siempre solía haberlo y hay muchos hogares pasando fatigas. Esto se sabía perfectamente que iba a suceder desde antes del verano, cuando los olivareros advertían de que esta cosecha sería desastrosa. Pero nadie ‘de arriba’ hizo nada para evitarlo. Y tampoco se hará nada hasta dentro de dos semanas. Apunten esta fecha: viernes, 18 de enero. Se espera que para ese día el Gobierno defina qué medidas se arbitrarán para paliar la situación -véase información de la página siguiente-. El ‘palo’ está siendo muy duro. Un par de cifras ayudan a hacernos una composición de lugar bastante ajustada. El hecho de que la producción haya menguado en 507.700 toneladas significa, a bote pronto, que los aceituneros dejan de ingresar la friolera de 912,6 millones de euros, tomando como base del cálculo los 1,80 euros que se pagaron de media la pasada campaña por un kilogramo de ‘oro líquido’. Esto representa, groso modo, un 10 por ciento del PIB de Jaén. El problema no termina ahí. Se estima que la oferta de jornales se ha reducido en 4,2 millones. Si tenemos en cuenta que una jornada se paga a un promedio de 50 euros, a los 913 millones habría que sumar otro 210 millones. En total, 1.123 millones que no entran en los bolsillos de los olivicultores y que, por tanto, tampoco salen. No se gastan. No se consumen. Una coyuntura que está teniendo un efecto demoledor sobre la economía de pequeños, medianos y grandes municipios.

No hay más que darse una vuelta por cualquier pueblo jienense para comprobarlo en primera persona. Por Jabalquinto, verbigracia. Pedro, que regenta junto a sus hermanos uno de los bares más conocidos de la localidad, el Cuatro Caminos, pone un sencillo ejemplo para explicar lo que está sucediendo en su negocio, frecuentado normalmente por muchísima gente del campo: «El que antes pedía tres cervezas ahora se conforma con una». «Ni yo, que tengo 35 años, ni los más mayores, recordamos un año tan malo como éste», agrega Pedro, quien asegura que «durante la semana ‘la cosa’ está muerta y tan sólo los sábados y domingos, con el fútbol, se observa más animación». «Aquí vienen muchos temporeros -explica- que no han encontrado ningún tajo, cuando el año pasado lo hacían tres o cuatro miembros de una misma familia y, además, durante un periodo de 40 o 50 días, un dinero que antes se movía y ahora no».

Menos ventas

María José, propietaria de un supermercado en Campillo de Arenas, comparte la misma percepción que Pedro. «Nosotros calculamos que las ventas se han reducido en torno a un 20 por ciento». «Estamos notando muchísimo que la agricultura no está funcionando», apostilla. ¿En qué manera? Según María José, «los clientes no sólo están comprando menos, sino que además están adquiriendo productos que permiten preparar una comida barata y consistente, como puede ser el arroz, las legumbres y los garbanzos». «Lo que más salida tiene es la marca blanca, más económica», dice María José.

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