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Sucedió hace….Antiguos oficios que se perdieron con el tiempo

A lo largo de los años, desgraciadamente, se han ido perdiendo trabajos y costumbres que habían estado entre nosotros mucho tiempo, pasando de los abuelos a los hijos y luego a los nietos que miraban en sus progenitores como hacían aquellos oficios que cuando los aprendías, nunca se olvidaban. También se ha perdido la figura del “aprendiz” en cualquier trabajo o profesión, algo que hizo que se tuvieran que montar escuelas con cursos especializados, que mientras hubo bonanza económica estuvieron funcionando, pero que en la actualidad se estudian fórmulas de volver de alguna forma a formar a los jóvenes en las empresas como se hacía antiguamente.

 Seguro que si les explicamos a los más jóvenes que hace años hubo profesiones como por ejemplo herrador o carbonero, pondrán cara de extrañados y sin embargo en su tiempo eran muy importantes para el desarrollo de la vida cotidiana. Durante más de siglo y medio el telégrafo dominó las telecomunicaciones, pero desde la llegada de internet y el correo electrónico en los años 90, esta condenado a su desaparición. Era normal que en Mancha Real llamaran en cualquier momento a tu puerta y el mensajero te trajera un «telegrama urgente» y entregara al destinatario, un sobre con un trozo de papel amarillo que en diez palabras o menos, traía una noticia de capital importancia. En los años 60 el despacho de Telégrafos estaba en la parte baja de la calle Maestra, en un local dentro de la casa que tenía Don Pedro el médico. En este despacho trabajaban su encargada Dña. Manolita que luego fue esposa de Don Pedro, además de Casimiro Peinado y Juan Gutiérrez al que vemos en la foto en el “morse” mandando o recibiendo algún telegrama.

En la sastrería del “chucho”

Los sastres son un gremio que en la actualidad, la mayoría de los que existen, se dedican a la alta costura o viven en grandes ciudades que les permite seguir con el corte y confección de las prendas a medida, una practica que hasta que se comenzaron a vender las prendas por tallas en las tiendas y grandes almacenes, era lo habitual. En los años 50 y 60 podía haber en Mancha Real casi una decena de sastres, todos ellos con buena fama y que eran los que confeccionaban las prendas que se hacían los vecinos del pueblo, los mas pudientes con telas de mas calidad, y la gente con menos poder adquisitivo, con ropa mas económica pero echa igualmente a medida. Uno de aquellos sastres en los años 50, fue J. María mas conocido como el “Chucho”, que tenía su sastrería en la calle la Zambra, en la parte donde comienza a ensanchar, teniendo un grupo de muchachas ayudantas que acudían para aprender a coser que era lo normal en aquellos años cuando estaban solteras, hasta que se casaban. Entre las chicas, siempre había algún chico que aprendía el oficio todos ellos con muy poca edad. La foto que mostramos es de primeros de los 50 en la sastrería mencionada y con el grupo que acudían a diario, donde podemos reconocer a: los niños, en el centro Juanito que luego se fue a Madrid, Pedro que también se fue a la capital, aunque en la actualidad está en nuestro pueblo y Pedrito, hijo del maestro, y entre las chicas estaban, Mª Dolores, Catalina (ramales), María (serbula), Matilde (hija de Pepe el de la harina), Dulce, Isabel (esposa de Isidro), Lola (“narria), o Pepa entre otras.

El bolo en la diligencia en los años 80

En Mancha Real siempre hubo muy buenos mecánicos de vehículos, dado el gran parque automovilístico que siempre hubo en nuestra localidad. Estos profesionales eran verdaderos “manitas” haciendo que en muchas ocasiones, el vehículo averiado pudiese funcionar con alguna “chapucilla” que le hiciese salir del apuro hasta su total reparación. En la actualidad es casi imposible aquellos improvisados arreglos al tener los coches modernos incorporada la electrónica, que fue un adelanto, pero que requiere de maquinaria especializada para su reparación. Entre los muchos mecánicos que tenían su propio taller, y además era muy bueno en su trabajo, estaba Juan Antonio Fernández o como todos le conocían en el pueblo, “el bolo”. Juan Antonio tuvo su taller en la calle Cervantes, y era normal ver en su puerta a diario, una docena de  coches esperando para ser arreglados. Cuando le llegó la jubilación, el continuó con su pasión que eran los coches clásicos, y podíamos verle por nuestras calles con su Ford A o con la “diligencia de Mancha Real”, y por supuesto con su mono de trabajo, que lo usaba incluso en los días festivos. 

En la barbería de “ojosgrandes” en los 60

Uno de los negocios que siempre fueron muy concurridos eran las barberías, unos locales que eran muy diferentes a los que hay en la actualidad puesto que aparte de cortar el pelo, los clientes acudían a ellas para afeitarse. Fueron muchas y muy conocidas las que se distribuían por todo el pueblo, aunque era en los alrededores de la plaza donde mas número de ellas había. En la foto aparecen un grupo de clientes en la barbería de Juan “Ojosgrandes”, entre los que están, Juan el barbero, Pedro Bolaños (el taxista), José María Hervás (rabanicos) o  Sebastián “Futis”. Estaba situada en la calle Maestra junto a las carteleras, y era un punto de encuentro entre los jóvenes, donde además de poder cortarte el pelo, podías echar un rato de tertulia o bien una partida a las damas.

Román con sus ayudantes en 1964

Otro de los oficios que llegó a perderse cuando los maestros fueron desapareciendo fue la de “zapatero”, un trabajo que tuvo muchos profesionales en Mancha Real y que son recordados por lo populares que eran. Esta popularidad venía por la cantidad de veces que tenías que visitarlos, puesto que en los años 50, 60 y 70 lo normal era llevar los zapatos para arreglarlos, bien poniéndole unas suelas nuevas o reparando el descosido que tuvieran, puesto que tenían que durar hasta acabar la campaña de aceituna, y si esta había sido buena, poder ir de compras a los comercios locales o a Jaén. Uno de estos profesionales que era conocido por todos  en el pueblo fue Román, al que vemos acompañado de sus ayudantes en su casa de la calle Maestra junto a Cajasur en el año 1964.

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