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Sucedió hace…. Homenaje a todas aquellas mujeres que no se les reconoció su gran trabajo

El pasado lunes 8 de marzo se celebraba el Día Internacional de la Mujer, una fiesta que en este año 2021 las concentraciones y las justas reivindicaciones, fueron de forma diferente por la pandemia del Covid-19. Nosotros desde Mirando al Pasado, hemos querido hacer un pequeño homenaje a todas aquellas mujeres que desde los años 40, con unas condiciones muy duras, estuvieron desarrollando muchos trabajos apenas reconocidos y con sus derechos muy restringidos.

Las mujeres en aquellas décadas, la mayoría se dedicaban a la tareas caseras durante todo el año, además de que cuando  llegaba la campaña de aceituna, todos los miembros de la casa ayudaban a la economía familiar con los jornales dados en el campo. Una vez concluida la recolección las muchachas solteras se dedicaban a aprender a “coser y bordar”, dos tareas que en aquellos tiempos eran indispensables para la chicas a la hora de casarse. En Mancha Real había muchas casas con “maestras” para el aprendizaje de estos trabajos además de organizarse cursos con monitoras en locales municipales. Vemos en la fotografía a un grupo de chicas jóvenes en un curso de bordado que se dio en la Casa Sindical en la calle Carnicería con las muchachas bordando con aquellas maquinas “Singer” que eran muy apreciadas para estas  labores. En primera fila aparecen en los laterales, Catalina Pérez, hija del que fuera Alcalde Manuel Pérez Casas, en el otro extremo estaba Ramona conocida cariñosamente por “pajarilla. En la parte de atrás solo hemos reconocido a Ana Romero y a Catalina Cantero.

Tres chicas bordando

En estos talleres de costura muchas chicas estaban dedicadas a confeccionar ropa de vestir, como camisas vestidos etc., pero otras estaban con el bordado de la ropa de ajuar como las sábanas o los mantones de manila, que eran verdaderas obras de arte, tanto por su cantidad de trabajo, como por su laboriosidad. Este arte del bordado también se ejercía en las propias casas, puesto que donde había varias hermanas, una vez que se acababan las tareas propias de la casa, cogían aquellos bastidores caseros y en los patios que la mayoría de las casas tenían, dedicaban el resto del día a bordar, como es el caso de las tres jóvenes que aparecen en la imagen, que bordaban un gran mantón de manila en el que cada una trabajaba por una parte al ser este de grandes dimensiones. Ellas eran las hermanas Ana y Pilar y en el centro estaba Paquita Orihuela.

En la recolección de aceituna en aquellos tiempos la cuadrilla de mujeres era casi imprescindible, puesto que la aceituna del suelo se recogía a mano y las “buenas cogeoras” siempre estaban muy buscadas por los encargados o “manijeros”.

Cuadrilla de mujeres en la finca de Arroyovíl

Durante gran parte de la década de los 70, se dio la circunstancia de que al término de la campaña en Mancha Real que solía acabar en marzo, una parte de estas cuadrillas, se “reenganchaban” en la finca de La Laguna, o de Arroyovil, dos grandes cortijos que requería una gran cantidad de jornales para la recogida de la  aceituna y que muchas mujeres tenían la oportunidad de alargar su campaña y llevar un dinero extra a su casa En estos cortijos en algún año se llegó a terminar a últimos del mes de mayo. Muchos de los que se desplazaban desde Mancha Real, lo hacían en un autobús contratado para estos días, pero otros lo hacían en coches particulares o como la foto que mostramos en la que bajaban Juan Mª Torres con su esposa en el camión Barreiros Saeta de su propiedad, al que le ponía un toldo y varios bancos y podían viajar más de 20 mujeres en la parte de atrás.

Puesto del chichotero en 1939

Muchas mujeres compaginaban el trabajo que tenían en su casa en la mayoría de las ocasiones sacando adelante a una familia numerosa que en aquellos tiempos era normal que todas tuvieran, con el trabajo que desarrollaban fuera en los negocios familiares que muchas llevándolo con su marido y otras ellas solas, eran muchas horas las que tenían que dar. Uno de estos negocios familiares era la carnicería de Miguel Jiménez “el chichotero” en el mercado de abastos que vemos en la foto del año 1939 a su esposa Dolores en este pequeño local que con el tiempo lo hicieron mas grande. Vemos junto a ella a Luisa Jiménez “la perla”, otra mujer que su familia también tuvo mucho tiempo una carnicería en este recinto.

María e IsabelJuana “alcoleas” vendiendo melones.

En este mercado en su entrada y salida por la calle la Zambra, las aceras eran utilizadas para montar los puestos de los que llegaban a diario y no tenían espacio en el interior. Allí podíamos ver a los hortelanos locales o a los “guardeños” y “torreños” que varios días a la semana, llegaban con sus hortalizas frescas a venderlas. En el tiempo de las campañas de “melones” que era cuando llegaban los calores, podíamos ver en la acera que pega a la iglesia, grandes montones de esta fruta, que normalmente vendían los “alcoleas” como vemos en imagen, que dos de las hijas mayores, María e Isabel Juana, estaban con aquellas “balanzas” que en un lado se ponían las pesas y en el otro, el artículo que se quería vender.

Antiguo lavadero de las pilas

En el solar donde actualmente se encuentra la piscina municipal, en el año 1892, se construía el “Lavadero de las Pilas “un recinto que ayudó mucho a las mujeres del pueblo durante décadas de años muy duros que para lavar la ropa tenían que desplazarse hasta las acequias cercanas al pueblo. Este lavadero alivió un poco el trabajo, pues era un local techado y con pilas en el centro, donde se disponía de un grifo con agua corriente que en aquellos tiempos era un servicio del que no se disponía en casi ningún hogar hasta los años 60 que se comenzaron a instalar las acometidas en algunas calles. La obra se pudo hacer gracias a los fondos aportados por el que fuera Magistrado del Tribunal Supremo, Don Marcos Cubillo de Mesa y su esposa Paula Vico y Ogayar, que en sus últimas voluntades quisieron que estos fondos se destinaran a su construcción en bien de las personas del pueblo. En sus paredes se colocó un gran cartel en el que decía,” Mujer: la mejora llevada a cabo en este local es beneficio tuyo. Cuídalo como cosa propia; tu salud y la de los tuyos dependen en parte muy principal de la higiene. Darás una prueba de gratitud a quien se cuidó de hacer esta mejora, mirando por este lavadero y procurando esté limpio sin que falte ninguno de sus objetos”.

Bar Chacón mediados de los 50

En los tiempos de “ligueras” al medio día y por la noche, en los establecimientos que en aquellos años 50 y 60 eran pequeñas tabernas sin apenas lujos, acudían diariamente sobre todo los hombres a beber su vaso de vino blanco de los Morenitos o el botellín de cerveza del Alcazar. En aquellos tiempos, estaba mal visto el que las mujeres entrasen sin sus novios o maridos en los bares, siendo estos, lugares de reunión en los que todavía no se había popularizado el tomar raciones. Vemos en la fotografía uno de los bares mas populares durante los 30 años que estuvo abierto al público, nos referimos a “Chacón”, un establecimiento que comenzaba su andadura a mediados de los 50, al poco tiempo de contraer matrimonio Antonio y Lola, sus dueños durante tres décadas. Antonio “chacón” que es como le llamaban todos sus clientes, tuvo su taberna en las Callejuelas Altas, frente a la ferretería de Luismi, logrando junto a su esposa, obtener una gran aceptación entre sus clientes, siendo sus tapas de las mejores del pueblo. Lola era la que llevaba la tienda de comestibles que tenían justo al lado del bar y también ayudaba en la cocina y en la barra del bar como vemos en la imagen.

 

 

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